Los buenos proyectos no siempre obtienen financiamiento.
Y la diferencia, muchas veces, no está en el proyecto. Está en la forma en que fue estructurado.
Nosotros lo aprendimos de la manera más difícil.
Hace algunos años desarrollábamos un proyecto y necesitábamos un crédito para construir. Pensábamos que sería un trámite relativamente sencillo. No lo fue.
Nuestro proyecto fue rechazado una vez. Luego otra. Y otra más. Cuatro rechazos en total.


El problema no era el proyecto; el problema era cómo lo estábamos presentando.
Hablábamos como desarrolladores. Las instituciones financieras analizaban como administradores de riesgo. Estábamos hablando idiomas distintos.
Ese fue nuestro punto de inflexión.
Dejamos de preguntarnos: ¿Cómo conseguimos un crédito? Y empezamos a preguntarnos: ¿Cómo decide una institución financiera aprobarlo?
Nuestro proceso parte desde la perspectiva de quien asume el riesgo.
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Analizamos cómo evalúan las instituciones financieras.
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Comprendimos qué variables realmente influyen en una aprobación.
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Aprendimos a estructurar operaciones antes de presentarlas.
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Comenzamos a anticipar objeciones antes de que aparecieran.


Que hacemos
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Analizamos el proyecto.
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Diseñamos la estructura financiera.
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Identificamos la institución adecuada.
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Definimos la estrategia de presentación.
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Acompañamos todo el proceso hasta el cierre.
Nuestro objetivo no es únicamente con gestionar un financiamiento. Es incrementar significativamente la probabilidad de obtenerlo.
