El dinero correcto, en el momento equivocado, también puede ser un problema.

Cuando una empresa piensa en financiamiento, normalmente concentra su atención en tres preguntas:
¿Cuánto necesitamos?¿Cuánto cuesta?¿Quién puede prestárnoslo?
Pero existe una cuarta pregunta que puede ser igual de importante:
¿Cuándo necesitamos realmente ese dinero?
Porque financiar una empresa no consiste únicamente en conseguir recursos. También implica sincronizar esos recursos con el momento en que el negocio puede utilizarlos de manera productiva.
Y ahí comienzan algunos problemas.

Tener el dinero antes no siempre es mejor
Imaginemos una empresa que necesita recursos para ampliar su capacidad productiva.
El proyecto es viable. Existe demanda. Las proyecciones tienen sentido y eventualmente la inversión debería generar nuevos ingresos.
Pero los permisos tardarán seis meses.
La maquinaria llegará después.
La nueva operación comenzará a producir todavía más adelante.
Si el financiamiento se obtiene demasiado pronto, puede ocurrir algo incómodo: la deuda comienza a existir antes que los ingresos que deberían pagarla.
Los intereses no esperan a que termine la obra.
El calendario financiero ya comenzó.
El operativo, quizá todavía no.
Ese desfase puede convertir una buena decisión de inversión en una presión innecesaria sobre el flujo de la empresa.
El problema contrario puede ser todavía peor
Ahora pensemos en la misma compañía, pero esta vez espera demasiado.
Tiene el contrato.
Tiene el proyecto.
Tiene al cliente.
Y entonces comienza a buscar financiamiento.
La empresa descubre que estructurar, analizar, negociar y formalizar una operación requiere tiempo.
Mientras tanto, el reloj sigue corriendo.
Puede perder condiciones comerciales, incumplir fechas, utilizar recursos de corto plazo para necesidades de largo plazo o, en el peor escenario, dejar pasar la oportunidad que originó la necesidad de financiamiento.
El problema ya no es cuánto cuesta el dinero.
El problema es cuánto cuesta que el dinero no llegue cuando se necesita.
El financiamiento tiene dos relojes
Podríamos pensar que en toda operación existen al menos dos tiempos distintos.
El reloj financiero marca disposiciones, intereses, amortizaciones y vencimientos.
El reloj del negocio marca permisos, compras, construcción, inventarios, producción, ventas y cobranza.
Una operación saludable necesita que ambos relojes conversen.
Si la empresa comienza a pagar mucho antes de generar el flujo previsto, aparece presión.
Si los recursos llegan después de que el negocio los necesitaba, aparece otro tipo de costo: retrasos, oportunidades perdidas, penalizaciones o decisiones de emergencia.
Por eso el plazo de un financiamiento no debería analizarse únicamente en años.
Debe analizarse contra la vida real del proyecto.
El financiamiento más barato no necesariamente es el mejor
Esta idea también cambia otra conversación habitual.
Supongamos que una empresa recibe dos alternativas.
Una tiene una tasa ligeramente menor, pero condiciones de disposición y amortización poco compatibles con el proyecto.
La otra puede tener un costo financiero mayor, pero acompaña mejor el ciclo real de generación de efectivo.
¿Cuál es mejor?
La respuesta no está necesariamente en comparar dos tasas.
Hay que entender qué alternativa funciona mejor dentro de la operación completa.
Porque optimizar exclusivamente el costo del dinero puede llevar a ignorar el costo que genera una estructura mal sincronizada.
Antes de buscar dinero, construye el calendario
Hay una pregunta sencilla que puede cambiar la forma de plantear una operación:
¿Qué va a ocurrir en la empresa desde el día en que recibimos el primer peso hasta el día en que generamos el flujo necesario para comenzar a devolverlo?
Ahí aparece buena parte de la realidad financiera del proyecto.
¿Cuándo se utilizarán los recursos?
¿En una sola exhibición o por etapas?
¿Cuándo comienza realmente la inversión?
¿Cuándo empieza a producir?
¿Cuándo se factura?
¿Cuándo se cobra?
¿Y qué sucede si alguno de esos momentos se retrasa?
Responder estas preguntas antes de buscar financiamiento permite dejar de pensar únicamente en una cantidad de dinero y comenzar a pensar en una secuencia financiera.
El capital también necesita llegar a tiempo
Una buena estructura financiera no solamente responde:
cuánto dinero necesita una empresa.
También debe responder:
para qué, durante cuánto tiempo y en qué momento.
Porque el financiamiento adecuado no es simplemente aquel que está disponible.
Es aquel cuya lógica puede convivir con la lógica del negocio.
Y algunas veces, una diferencia de semanas o meses puede ser tan importante como una diferencia en la tasa.
ALBIN ASOCIADOS Perspectivas sobre financiamiento, empresa y toma de decisiones.




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